Crónicas de Guerra

por Nora Méndez

21:28

La guerra con Honduras y otras memorias

Por Nora Méndez |

Yo nací en el año de 1969, exactamente un 24 de marzo, unos cuatro meses antes de que estallara la guerra con Honduras y casi un año después del mayo 68 de los estudiantes franceses y el mismo año de la masacre de Tlatelolco en México. Todas experiencias de derrota para el ser humano que se reconocía libre y pleno de amor en un mundo cosechado para las balas y bombas.

Mi madre y abuela contaban que me mantenían escondida bajo la mesa del comedor, por miedo a los ataques aéreos... aunque pienso que aquella mesa por más que fuera de la marca Lecanos, no aguantaría nada contra las bombas y proyectiles hondureños... Doña Olga de Molina, la vecina de enfrente era hondureña y según los otros vecinos salía a la calle a vociferar contra nuestro ejército y anunciaba que sus aviones invadirían San Salvador destruyéndola en menos de treinta minutos. De allí se ganó la fama de mala gente que pasó muchos años para que pudiera revertirse.

Otros blogueros cuentan mejor lo que pasó en la famosa guerra mal llamada del fútbol, como en este enlace de MeMOrias Guanacas cuyo autor es por lo que cuenta, sobrino de la dueña del "Cochinito" quien a su vez comprara la matata que Aniceto subastó en favor de los refugiados del terremoto de 1965: http://memoriasguanacas.blogspot.com/2009/07/memorias-de-la-guerra-del-futbol.html; sobre esta guerra nunca me interesé mucho, quizás porque la llamaban guerra del fútbol y esta fue una forma de apartarnos del tema o quizás porque la angustia vivida de recién nacida y las relaciones siempre tensas que siguieron a la guerra de las 100 horas, hicieron que Honduras me pareciera inhóspito y que lo fue para muchos compatriotas. Fue hasta hace muy pocos años cuando por medio de conocidos me di cuenta que a ambos pueblos nos fue truncado el cariño y los lazos familiares, todo por los intereses de dictadores aliados con la Oligarquía como Tacho Somoza y su Ferri que "salvó" por muchos años la falta de frontera con Honduras.

Mi generación creció viendo con recelo a los demás centroamericanos, pese a toda la influencia del turismo regional, principalmente hacia Guatemala y Costa Rica. Me recuerdo de una cantinela nacionalista y xenofóbica que iba algo asi: Guaemala: gente mala, Costa Rica: gente rica; El Salvador: gente de valor. Ignoro si continuaba con Honduras y Nicaragua, pero estoy segura que de continuar no habrán sido frases halagueñas.

Meme cuenta que el General "Chele" Medrano y vecino de casa de su familia, fue uno de los militares que más hazañas logró en aquella absurda guerra que combatió a machete y burro; que los aviones hondureños lo que sí nos dejaron jodido fue la Refinería de Petróleo en Acajutla y que ahora es RASA y ya no es nacional.

Los primeros héroes del lado salvadoreño y quienes atacaron primero a Honduras, fueron los pilotos civiles, que con sus propias manos aventaron bombas sobre el Toncontín, al estilo de la primera guerra mundial. Otra cosa que supo Meme en su época fue que todas las organizaciones civiles como los Scout fueron una red de apoyo ciudadano bastante eficientes y que actuaron de alguna manera como defensas por colonias ante el rumor de que miles de hondureños penetrarían territorio nacional en paracaídas. Y del Señor Molina Civalleros en la terraza de su casa en la 17 de mayo, con una metralleta Thompson tipo sargento Sonders de la serie Combate. Así como del hijo de Don Chepito Guirola, estudiante de Derecho de la Nacional, desaparecido durante las primeras horas y vuelto a aparecer con un montón de registros legales sacados de la Alcaldía de Nueva Ocotepeque, como muchos civiles en tropelías junto al Ejército comandado por el Chele Medrano.

El poeta Samuel Trigueros perdió a un padre en esa guerra, debido a que el odio sembrado entre ambos pueblos impidió que éste viviera en Honduras. Sin embargo, Samuel se reencontró hace poco con él, al menos esa historia tuvo un final feliz.

Muchos hermanos hondureños también se involucraron en las lucha revolucionaria de El Salvador. El padre del poeta Fabricio Estrada fue uno de esos hondureños que perdieron la vida dando apoyo a la guerrilla salvadoreña. Y en Honduras murieron también muchos salvadoreños a manos del Ejército y la famosa Mancha Brava, así como nos fueron expropiados miles de kilómetros de tierra por sus Estados expansionistas y excelentes abogados.

De esa guerra de 100 horas que pasó por mi cabeza a los cuatro meses de vida, no puedo tener recuerdos, sólo me es posible inferir que de aquella experiencia me haya nacido la fascinación por los espacios con sombra y el meterme debajo de la mesa. Aquella mesa que mis madres utilizaron para protegerme de la guerra fue vendida cuando yo tendría unos 14 años, fue entonces que quedaron expuestos los más de 400 chicles de colores pegados en ella. Pasaron un par de días para que mi mamá volviera a hablarme.

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